Este concepto hace referencia a que la persona, aún habiendo vivido una situación traumática, ha conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados, como si hubiera sido un gran recurso ante tal adversidad. Por un lado, le mantiene alerta para controlar la situación que se produce y por otro, crece interiormente, como persona.
La resiliencia pertenece al campo de la psicología positiva haciendo que esa persona salga victoriosa y más fortalecida de algo que supuso un cambio radical en su vida al tener algún shock, pruebas o rupturas, etc.
La capacidad del ser humano para afrontar experiencias traumáticas e incluso extraer un beneficio de las mismas ha sido generalmente ignorada por la Psicología tradicional, que ha dedicado todo su esfuerzo al estudio de los efectos devastadores del trauma. Aunque vivir un acontecimiento traumático es sin duda uno de los trances más duros a los se enfrentan algunas personas, supone una oportunidad para tomar conciencia y reestructurar la forma de entender el mundo, que se traduce en un momento idóneo para construir nuevos sistemas de valores. Algunas personas suelen resistir con insospechada fortaleza los embates de la vida, e incluso ante sucesos extremos hay un elevado porcentaje de personas que muestra una gran resistencia y que sale psicológicamente indemne o con daños mínimos del trance.




